“Puerto Rico tiene los artesanos y la tradición” para aprovechar los cambios en esta industria global, según Lisa Morales-Hellebo

La industria de la moda está pasando por una transformación –impulsada por tecnología y cambios en la conducta de los compradores– que está desmoronando el paradigma de las grandes cadenas y marcas, afirma le emprendedora y estratega de producto, Lisa Morales-Hellebo.

Lisa Morales-Hellebo (a la izquierda) estuvo en la Isla como facilitadora de Founder Institute. A la derecha, Sofia Stolberg, codirectora del capítulo local de FI.

Como en el resto de los mercados e industrias en las que la tecnología ha sido disruptiva, los sobrevivientes de este cambio serán aquellos “jugadores que se puedan mover con suficiente rapidez, mantenerse al día en la tecnología y reconocer que no tienen que inventarla ellos, sino aliarse con la gente que está construyendo lo que ellos necesitan”, expuso la cofundadora del New York Fashion Tech Lab (NYFTL). “De cierta manera, es mi misión llevar este mensaje a las masas, lograr que más personas piensen, hablen y construyan la nueva generación de innovaciones para la tecnología de la moda”.

Precisamente de esa misión y visión colaborativa surgió el lanzamiento de esta aceleradora en 2014 para “conectar las grandes marcas y detallistas con startups ligadas a la tecnología de moda”.

Del saque Morales-Hellebo logró algo inédito en la industria: reunir en el mismo lugar a altos ejecutivos de gigantes como Ralph Lauren, Macy’s, J Crew, Kate Spade y Marc Jacobs.

Este grupo conformó el comité que seleccionó a las ocho empresas emergentes para la primera ronda de aceleración. “Algunas de las escogidas ni siquiera se habían lanzado propiamente, pero los ejecutivos vieron el potencial”, recordó.

Una de las compañías, Nineteenth Amendment, trajo a la mesa la idea de independizar las tendencias, que la gente escogiera qué diseños les gustan y a qué diseñadores apoyar, sin necesidad del aval de una publicación especializada. Pero su disrupción más dramática fue reducir cuánto toma el proceso de diseñar, manufacturar, prevender y distribuir las piezas.

“Para que Macy’s lleve un producto del diseño a la tienda, le toma 18 meses. Nineteenth Amendment redujo esa ventana a seis semanas”, informó.

Y, en apenas un año, Nineteenth Amendment pasó de ser una idea sin acceso a financiamiento a tener una plataforma rentable y diseñadores cuyas piezas se venden en el portal de Macys.com. POR QUÉ PUERTO RICO “Ese es el nuevo paradigma: tiradas más pequeñas, que toman en cuenta la sustentabilidad, hechas en Estados Unidos, con trabajo artesanal, en precios en un par de cientos de dólares, no los miles que cuestan las piezas de alta costura en las páginas de (la revista) Vogue ”, resumió la empresaria al abordar por qué Puerto Rico tiene un potencial particular en este mercado cambiante.

“Mi visión para Puerto Rico es apalancar mi trasfondo y peritaje en la industria de ‘fashion tech’ para construir un puente de manufactura entre Nueva York y la Isla”, explicó la empresaria, quien se concibe como una “hada madrina” interesada en facilitar oportunidades en este campo.

Morales-Hellebo insistió en que el momento es de oro, ya que generaciones como los ‘millennials’ están usando sus decisiones de compra para respaldar prácticas sustentables. Además, la rotulación de “Made in USA” se puede aplicar a Puerto Rico debido a la condición política aún vigente.

“Puerto Rico tiene los artesanos y la tradición en manufactura de la aguja. Esto se puede revivir. Lo veo como una oportunidad, no como un obstáculo, porque las personas con estos talentos pueden reinventarse como nativos digitales”, planteó.

El mercado global se orienta cada vez más a la manufactura digital, a conectar creadores con pequeños manufactureros, a producir de forma colaborativa piezas de calidad en un periodo razonable de cuatro a seis semanas y sin caer en prácticas laborales cuestionables, abundó.

Esto es posible con portales de conexión como Makers Row y también con herramientas tecnológicas disponibles por una baja suscripción mensual, que facilitan la producción de patrones digitales y cortes con láser, entre otros avances. “Así se saca de la ecuación la mitad de la labor que consume tiempo”, indicó. Entonces, los manufactureros y artesanos locales pueden concentrarse en las labores más especializadas, como sería trabajar mundillo, aplicaciones, pedrería o diseños más complejos. EL FACTOR INVERSOR. Como en todos los campos de la innovación, los inversionistas -grupo dominado por hombres- se inclinan más a financiar ideas que puedan comprender o que han visto funcionar, contextualizó la empresaria.

“Pero eso no es lo que va a provocar avance en la industria. Necesitamos invertir en lo que nadie ha hecho antes”, sentenció.

Como ejemplo mencionó cómo las tiendas digitales como ModCloth y Nasty Gal han logrado despuntar con rapidez, gracias al acceso a financiamiento.

Sin embargo, en total, el comercio electrónico ligado a la moda equivale a una tajada de $250,000 millones de un mercado mucho mayor.

“Sé que eso suena como mucho, pero en el contexto de la industria global de la moda es de $2 billones (‘trillions’, en inglés), es muchísimo lo que aún no se está financiando”, contrastó. MENTORA LOCAL. Morales-Hellebo estuvo en Puerto Rico como primera facilitadora del programa de capacitación del capítulo local de Founder Institute (FI), labor que realizó por segundo año al hilo.

También ofreció una charla al público general el jueves pasado en Piloto 151 en el Viejo San Juan, como parte de la “Startups of Puerto Rico Speaker Series”.

Además, gracias a su participación en FI, Morales-Hellebo ha afianzado su relación con la Isla, de donde es natural su padre. “Estas son las cosas que hacen que todo en el ecosistema se comience a multiplicar”, celebró Sofia Stolberg, codirectora local de FI, sobre las iniciativas que Morales-Hellebo impulsará con el ecosistema local en el futuro cercano.